Paulina Riedemann: (1934-2015) notable paisajista y botánica
Con una garra de león en el Parque Nacional Llanos de Challe, en Octubre de 2002
y su entrevista del año 2000 con M. José Riesco V. para la revista Estaciones en el Jardín

Esta destacada paisajista es una eminencia en lo que se refiere a flora nativa chilena. Tanto así, que no sólo conoce una gran cantidad de especies, sino que también ha descubierto nuevas. Incluso una lleva su nombre.

Gracias al entusiasmo, al estudio y la inagotable energía que la caracterizan, Paulina Riedemann ha logrado - en poco más de 10 años - conocer lo que pocos en nuestro país han sido capaces de ver: nuestra hermosa y extensa riqueza floral. Y es que su amor por la naturaleza, más el apoyo de su marido, Gustavo Aldunate, la impulsan a estudiar en terreno, todas y cada una de las especies de nuestra larga geografía.

Paulina Riedemann en Llanos de Challe Madre de cinco hijos, que ya le han dado once nietos, cree firmemente que su interés por nuestra flora puede traspasarse a su familia, alumnos y público general de una manera entretenida y sencilla. Ésta ha sido su bandera de lucha y la motivación para participar en un sinnúmero de actividades de extensión. Cursos, libros, publicaciones periódicas en El Mercurio, conferencias, más de 24 visitas anuales a terreno, asesorías, talleres de capacitación e incluso el primer CD sobre el desierto florido de nuestro país, se encuentran entre sus logros destacados.

A sus 67 años, Paulina impresiona por la intensidad y el amor que pone en cada cosa que realiza. Prueba de ello son, aparte de lo mencionado anteriormente, sus 25 años como médico anestesista, su título de campeona nacional de buceo y el haber sido elegida como mejor deportista nacional en 1979, entre otros.

Una de sus mayores preocupaciones es la preservación y cuidado de la flora nacional, razón por la cual participa en la ONG "Defensores del Bosque Chileno" y es miembro activo de la Asociación Chilena de Parques, Jardines y Espacio Público.

Considerada nacionalmente como una de las personas que mejor conoce nuestra flora, ha logrado una colección fotográfica de más de 15,000 diapositivas de especies autóctonas, que comparte generosamente con instituciones públicas y privadas.

Recientemente el Club de Jardines de México la ha galardonado por su gran aporte a la difusión de las especies nacionales y próximamente publicará lo que ella considera su mayor orgullo: el primer libro - de una colección de cinco volúmenes - sobre la flora nativa chilena.

- Cuándo comienza su afición por la flora autóctona?
- Desde muy niña, porque con mi familia íbamos a veranear a El Arrayán. En esos paseos daba largas caminatas con mi papá, quien me mostraba las plantas y me enseñaba sus nombres. Me acuerdo también de un profesor del colegio que llegaba a la sala de clases con unos enormes atados de plantas nativas y nos mostraba cada una de ellas. Era fascinante.

- Sin embargo, se decidió profesionalmente por la medicina. Cuándo y por qué da el giro hacia el paisajismo?
- Fui anestesista pediátrica durante 25 años que fueron maravillosos, pero también muy sacrificados. Me gustaba mucho mi profesión y traté de hacerlo lo mejor posible, hasta que llegó un momento en que la salud no me acompañó y tuve la necesidad de cambiar de rumbo.

- Cómo fue eso?
- Lo que pasa es que permanecía encerrada 12 horas al día dentro de un pabellón de operaciones inhalando aire contaminado con anestésicos. Eso me causó serios problemas respiratorios y, además ya estaba cansada del estrés y del riesgo. Necesitaba aire, sol y flores.

- Y el diseño paisajístico era el camino...
- No. Yo simplemente quería hacer un curso corto de jardinería. Cuando fui a inscribirme en INACAP (Instituto Nacional de Capacitación), la secretaria me propuso que estudiara la carrera. Al principio pensé: qué va a hacer esta vieja metida en medio de tantos lolos? Igual me aventuré y creo que fue una experiencia fabulosa porque no sólo me recibieron con los brazos abiertos, sino que me sentí rejuvenecer con ellos. Imagínate que en las mañanas estudiaba, en las tardes trabajaba como médico y en las noches hacía turnos en el hospital.

- Una verdadera maratón...
- Es que todo me encantaba. Cuando me recibí de paisajista dejé la medicina completamente de lado. Esto coincidió con la jubilación de mi marido que también es médico. Él entró a estudiar taxonomía, morfología y fue a clases de diseño de áreas verdes conmigo.

- Cómo. También comparten esta actividad?
- Durante toda la vida hemos tenido aficiones muy similares y siempre tratamos de acompañarnos en lo que hacemos. Cuando recién pololeábamos hacíamos atletismo, después nos dedicamos al buceo competitivo, compartimos la medicina y ahora estamos disfrutando el gusto por la botánica.

- Que más que un gusto ha sido una carrera...
- Es que tuve la suerte de caer en un núcleo vacío. Cuando empecé, no era mucho lo que había sobre flora nativa a disposición del público común. Y como siempre me interesó, decidí dedicarme a conocerla e investigarla. Partí con mi memoria de título sobre la flora nativa de la Reserva de Río Clarillo. Después hice la práctica y finalmente me pidieron que me quedara haciendo clases en INACAP.

- Recién titulada, se sentía preparada para ser profesora?
- Me fue muy fácil porque los primeros alumnos fueron mis propios compañeros quienes me ayudaron mucho. Además yo estaba acostumbrada a hacer clases porque en la escuela de medicina fui profesor asociado. Toda mi vida he hecho docencia y me gusta mucho porque es fascinante motivar a otras personas. No se trata sólo de entregar conocimientos, sino de traspasar el gusto por lo que uno hace. Otra cosa que me sirvió mucho fue el entrenamiento y metodología de la medicina.

- Cuál ha sido su fórmula para obtener tantos conocimientos en poco tiempo?
- Viajo muchísimo, me encanta salir a terreno. Con Gustavo hemos recorrido prácticamente todo Chile; sólo nos falta la zona sur del Estrecho de Magallanes. Siempre andamos observando y tratando de reconocer las plantas. Si en terreno o con los libros no las identificamos, tomamos una pequeña muestra y la traemos al Museo de Historia Natural, donde nuestros amigos botánicos nos ayudan.

- De dónde obtiene la energía para recorrer el país de esa forma?
- Eso se lo debo a mi marido, porque el apoyo que él me da es fabuloso. Está en todas conmigo, maneja horas, carretea carpas y mochilas, saca las fotos... El haber sido deportista también me ha servido bastante.

- Ha descubierto alguna planta que no estuviera incluída dentro del catastro nacional?
- Si. Encontramos una especie andina que Adriana Hoffmann publicó y bautizó como Calceolaria paulina.
Saca el libro y orgullosa nos muestra una hermosa flor de rojo vivo y dice
- Esta es mi Calceolaria.

- Cómo ha sido su relación con los científicos del área?
- Muy buena porque me han ayudado mucho. Los botánicos son excelentes personas y tienen muchas ganas de enseñar, pero están metidos en el tema de la investigación. Por eso uno no puede llegar como un aficionado a decirles "Mire, necesito que me clasifique esta planta." Lo lógico es aprender a hacerlo. Y si después de estudiarlo tienes alguna duda, puedes acercarte a preguntar algo concreto.

- Pero Ud. ha logrado esa cooperacion después de mucho estudio. Cómo podría hacerlo una persona sin su bagaje?
- Es muy difícil. Por eso mi labor ha sido aprender para poder explicar el conocimiento botánico de manera sencilla y con una base científica. Me siento como un puente entre los botánicos y el público general.

- Su marido y Ud. están prontos a publicar un libro que acerca este conocimiento al público común. Cómo lo han proyectado?
- Este es el primero de una colección de cinco y describe la flora nativa de valor ornamental de la zona central de Chile. Son dos volúmenes contenidos en un estuche. El primero de ellos explica mediante fichas y fotografías cada una de las especies: su clasificación, hábitat, estado de conservación, manejo, propagación, desarrollo, usos y formas. La idea es que las personas aprendan a cultivarlas de manera sencilla para insertarlas en sus jardines. El segundo muestra la ubicación y entrega los mapas con sus rutas y senderos, para poder conocer las plantas en su forma adulta.

- Cómo cree que será la recepción del público?
- Muy buena porque en Chile no existen libros como éste. Hay enciclopedias científicas para botánicos y publicaciones orientadas a los aficionados que quieren aprender a clasificar. Hemos visto un gran interés que se refleja en que, antes del lanzamiento, ya se han vendido alrededor de 2,100 ejemplares de un total de 2,500 unidades.

- Una gran satisfacción...
- Más que una satisfacción, un orgullo inmenso. Sin embargo, lo más emocionante ha sido contar con la cooperación desinteresada de mucha gente. En especial, del comité organizador y de nuestros amigos botánicos. Es como un sueño porque vemos que las personas se están enamorando de nuestra naturaleza.

- No será que ustedes traspasan su afición por la flora a quienes los ayudan?
- Te diría que pasan dos cosas. Por un lado, nosotros tenemos un gran amor por la flora, pero por otro, el salir con grupos a terreno es terapéutico. Son ocasiones de descanso mental y contacto con la naturaleza que crean un lazo afectivo muy fuerte y el interés por seguir aprendiendo.

- En este sentido, cómo ve las gestiones gubernamentales para fomentar el interés por nuestra flora?
- Gracias a esfuerzos bastante apreciables, las cosas han mejorado mucho. Se está protegiendo más el ambiente, pero creo que hace falta estimular a los estudiantes. En las escuelas, por ejemplo, en vez de hablar tanto de ecología, hay que darles la posibilidad de hacer almácigos, plantar jardines o tener un rinconcito que puedan cuidar. Otra cosa indispensable es llevarlos de paseo para que se familiaricen con su entorno y aprendan, no sólo a mirar la naturaleza, sino a VER todo lo que hay detrás de ella.

- Cree que los docentes tienen suficientes conocimientos sobre el tema?
- Sí. Los profesores saben y tienen mucho interés por formarse. Los guardaparques, en tanto, son personas que tienen sed por aprender y un gran amor por su trabajo. Habitualmente la Corporación Nacional Forestal, CONAF, está dando cursos de capacitación en los que yo también he participado.

- Entonces, qué falta para lograr una difusión más masiva y eficiente?
- Fondos, pero especialmente una correcta administración de ellos. A veces se aprueban proyectos sin las evaluaciones apropiadas, se les entragan recursos y terminan en un rotundo fracaso.

- La flora nativa tampoco cuenta con el dinero necesario para crecer y protegerse. Cree que tiene la capacidad de autosustentarse económicamente?
- Definitivamente, sí. Por ejemplo, desde el punto de vista ornamental podemos obtener muchos recursos para cuidarla. Lo que pasa es que, por ignorancia, existe el prejuicio de que nuestras plantas nativas son sólo malezas y la gente no las pone en sus jardines. Actualmente estamos viviendo un boom por lo autóctono que es necesario aprovechar para romper ese mito. En este sentido han surgido criaderos maravillosos y especializados en la propagación de flora nativa, como el Pumahuida en Colina, el de Margarita Alamos en Nogales o el de Guillermo Frindt en Rancagua. Otra forma de generar dinero es la explotación medicinal de nuestras plantas, que tienen infinitos componentes útiles para la salud. También existe la posibilidad de comercializar muchos frutos silvestres. Lo que pasa es que realizarlos requiere tiempo e inversión. Por eso, ésta es una actividad incipiente y muy peligrosa, ya que muchas veces se hace de manera indiscriminada.

- Hay un vacío legal respecto de la explotación de nuestra flora?
- Aún no hay suficientes leyes que la protejan. Además, las que existen, no se llevan a la práctica porque no hay quien las fiscalice. Hoy, por ejemplo, las semillas de plantas nativas están saliendo por cantidades al exterior sin ningún control.



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